Argentina: el mayor consumidor de sal en el mundo 

En esta especial semana celebramos la 19na “Semana de concientización contra el consumo de sal”, una acción conjunta a nivel global iniciada en 2005 por la WASH (World Action on Salt and Health) cuyo objetivo es concientizar sobre los efectos nocivos de un consumo de sal excesivo, y brindar herramientas para lograr su disminución a límites razonables para combatir asimismo otros flagelos sumamente vinculados como la hipertensión arterial y la enfermedad cardiovascular, principal causa de muerte de la población adulta en todo el mundo, tanto países desarrollados como en vías de desarrollo.

Según recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, el consumo de sal diaria debería ser idealmente menor a 5 grs (aprox 2 gr de Sodio) para la población general. Sin embargo, se estima que el argentino promedio consume alrededor de 11 a 12 gramos de sal por día, es decir, más del doble de lo recomendado.

Si a esto le sumamos que el 50% de nuestra hidratación diaria está compuesta por bebidas azucaradas (gaseosas, aguas saborizadas, bebidas energizantes, y jugos artificiales) y que a su vez suelen tener un alto contenido en sodio en su composición, no es difícil imaginar las repercusiones a largo plazo.

Los estudios muestran que el exceso de sodio en la dieta es responsable de 2.5 millones de muertes al año en todo el mundo. Muertes que podrían evitarse si el consumo de sal se redujera a la mitad.

Para tomar dimensión de lo importante de revertir estos hábitos,  podríamos decir que con el descenso de sólo 1 gramo de sal diario evitaríamos unos 20.000 eventos cardio y cerebrovasculares al año y cerca de 2.000 muertes, sin mencionar los gastos económicos que estas enfermedades conllevan para la sociedad.

Cerca del 75% de la sal que se consume proviene de los alimentos procesados como los panificados, comidas rápidas, carnes procesadas, envasados, enlatados, congelados y snacks, y el resto es la sal que agregamos a las comidas.

Esto debe tenerse en cuenta inclusive desde la infancia donde también se han observado aumentos de los valores de presión arterial, repercutiendo luego en la vida adulta y aumentando el riesgo de eventos. Por eso las acciones educativas en términos nutricionales son tan importantes desde edades tempranas y se aconseja evitar el agregado de sal en la preparación de sus alimentos con el objetivo de que el paladar de los más chicos se adapte al reconocimiento de los sabores naturales

En Latinoamérica los esfuerzos en los últimos años se han centrado principalmente en la generación de acuerdos de reducción voluntaria del contenido de sodio en alimentos procesados por parte de la industria, seguido de campañas de educación.

Bajo la campaña “Menos Sal, Más Vida”, Argentina se propuso metas de reducción de sodio a dos años en productos farináceos (25% de reducción en pan artesanal), derivados cárnicos (reducciones del 5-15% dependiendo del producto), lácteos (5% de reducción en algunos quesos en dos años y un 10% en cuatro años) y sopas y aderezos (reducción mínima del 5%). Es bien sabido de cualquier manera, que las medidas regulatorias gubernamentales son 20 veces más efectivas que los acuerdos voluntarios en esta temática, dado que la esencia de dichos acuerdos permite eventualmente revertir las decisiones tomadas, por ejemplo, por cuestiones empresariales y económicas, poniendo de esta manera en duda su efectividad en términos de alcance de resultados y velocidad de impacto.

Las experiencias sugieren que el diseño de las estrategias debe ser riguroso, con metas bien definidas, basadas en un diagnóstico claro de contenido de sodio en los productos seleccionados, con evaluaciones programadas y con la posibilidad de realizar ajustes según las evaluaciones obtenidas. 

En enero del año pasado ha sido reglamentada la Ley Nacional N° 26.905 de Regulación del Consumo de Sodio. La norma plantea la reducción progresiva de la sal contenida en los alimentos procesados; regula la fijación de advertencias en los envases sobre los riesgos del consumo en exceso de sal; promueve la eliminación de los saleros en las mesas de los locales gastronómicos; fija el tamaño máximo para los envases individuales en los que se vende sal -que no pueden superar los 500 miligramos- y establece sanciones a los infractores.

A pesar del amplio conocimiento existente y las medidas ya adoptadas, todavía no logramos impactar positivamente en la sociedad, y reflejo de ello es que alrededor del 86% de los adultos CON hipertensión y 90% de los adultos SIN hipertensión, todavía exceden los 2,3 gr. diarios de ingesta de sodio recomendados. Datos de la 3ra Encuesta Nacional de Factores de Riesgo realizada en 2013 en Argentina muestran que el 34% de la población mayor de 18 años se reconoce hipertensa.

Por eso es que el CACI, continúa participando activamente, en iniciativas que promuevan la salud, y cuyo objetivo final es el bienestar de la población.

El mensaje más importante a la población general es que la sal en exceso es nociva, y que la mejor manera de cuidarnos es aumentando el consumo de alimentos frescos, principalmente frutas y verduras, y disminuyendo los productos industriales. Y en caso de utilizarlos, que sea en sus versiones con menor contenido de sodio.

Les dejamos algunas recomendaciones saludables:

  • Colar y lavar los productos enlatados antes de su consumo
    • Condimentar con hierbas, especias, ajo y cítricos para agregar sabor a las comidas.
    • Retirar el salero y los aderezos comerciales de la mesa.
    • Evitar el consumo diario de embutidos para no generar un hábito.
    • Revisar las etiquetas, buscando productos con menos sodio.
    • Condimentar las ensaladas con aceite de oliva, canola, girasol alto oleico, limón y/o vinagre.

 

No olvidemos que, si gradualmente se consume menos sal, gradualmente se querrá menos.